EL FÚTBOL ATRAVIESA UN MOMENTO DELICADO



El fútbol está equivocado; o mejor dicho, sus protagonistas principales están desviándose del camino correcto. Sí, muchos entrenadores y jugadores lo están convirtiendo en una partida de ajedrez. En el famoso juego de mesa, las piezas por una obviedad se mueven bajo una orden mandada por el que lo maneja; en el deporte más popular del planeta está sucediendo lo mismo. En la actualidad es difícil encontrar futbolistas que impongan su impronta y se revelen ante el mensaje estructurado del DT.

Alguna vez Marcelo Bielsa hizo que Ariel Ortega corriera a Roberto Carlos en un Argentina- Brasil. El burrito, fiel a su estilo rebelde, no le dio importancia a las indicaciones y trató de imponer su marca, su talento, ese que forjó en el potrero y que lo llevó hasta el estrellato. Claro, esa vez logró sacarles canas verdes al loco, aunque éste con el tiempo entendió que lo mejor era darle libertades al jujeño, porque de esa manera el aporte al equipo era mucho más relevante.

Otro ejemplo histórico es el de Louis Van Gaal con Juan Román Riquelme en Barcelona. El entrenador holandés ubicaba al ex Boca a la izquierda del ataque. No sólo lo aislaba de su amor, la pelota, sino que también lo hacía retroceder. Algo inaudito y difícil de comprender para cualquier entendido de esta práctica deportiva. Román -entendedor como pocos del juego- dejaba su posición inicial para introducirse en el centro del campo y desde allí ocasionaba miles de asistencias a los delanteros, como también goles. Esta rebeldía no cayó bien en el DT y el torero nunca más volvió a ser de la partida.

Hoy en día, en el ámbito local son contados con los dedos de una mano los casos de jugadores que aportan esa cuota de desobediencia necesaria para el enriquecimiento del fútbol y el disfrute del espectador. Ricardo Centurión es el caso más ejemplar. El actual futbolista de Racing desde sus inicios impuso su manera innata de jugar y nunca la modificó. 

Por otro lado, todos sabemos que el rol del entrenador es fundamental en el armado de un equipo. Es el encargado de inculcarle una idea y de convencer a sus futbolistas que esa es la manera adecuada para desempeñarse dentro de un campo y, que a partir de ella, encontraran los senderos allanados para conseguir los objetivos planteados.

Sin embargo, muchos de ellos, a veces atado a la obligación de sacar buenos resultados y otras por decisión propia, realizan movimientos tácticos que influyen negativamente en el habilidoso. Envueltos en una moda táctica, actualmente la mayoría les piden a sus players que cumplan con roles defensivos. Un ejemplo claro son los delanteros por afuera (antiguamente llamados wing) que deben perseguir a los marcadores de punta hasta el área propia. Obviamente esto genera un tremendo desgaste físico y una pérdida de frescura a la hora de atacar y terminar las jugadas. Además, por lo general, salvo alguna excepción, no logran finalizar los 90 minutos de un cotejo.

En definitiva, el fútbol moderno está atravesando un momento delicado en cuanto al desarrollo del juego y esto se debe al estructurado mensaje emitido desde la línea de cal, agravado por la falta de rebeldía de los receptores repartidos dentro del verde césped. No obstante, como escribió Eduardo Galeano en su libro “Futbol a sol y sombra”: “Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.

Foto: NexoGol










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