ALEMANIA MANDA



Diecisiete años pasaron de aquel fracaso de la selección Alemana en la Eurocopa llevada a cabo en Bélgica y Holanda, donde los conducidos por Erich Ribbeck terminaron últimos en su grupo, sin ganar ni siquiera un sólo partido. La actualidad muestra otra realidad: Alemania se acaba de consagrar en Rusia por primera vez en su historia como campeón de la Copa Confederaciones 2017. Claro, para llegar a disputar este torneo tuvo que ganar el Mundial de Brasil 2014, nada más ni nada menos. Como si esto fuera poco, también se coronó en los juveniles, quedándose con la Eurocopa sub 21. Sin ningún tipo de dudas, es la mandataria del presente futbolístico. Ahora, es bueno preguntarse: ¿Que método utilizó para llegar a estar en la cima?.

Barajar y dar de nuevo fue el pensamiento de los dirigentes de la Deutscher Fussball-Bund en aquel entonces. Era evidente pensar que para apostar por un proyecto a mediano y a largo plazo se necesitaba del acompañamiento de las otras dos partes fundamentales del fútbol alemán: la Bundesliga y los clubes. Entonces, en conjunto, primero crearon una academia de formación de futbolistas. Tres años más tarde, pusieron en marcha un programa de desarrollo de talentos que buscaba identificar promesas y educarlas.

Este programa estaba conformado por dos puntos claves. Como primer medida, potenciar a las divisiones inferiores de todas las instituciones, lo cual significaba una apuesta económica de todos los equipos de primera y segunda categoría. Asimismo, aquel que no cumpliera con esa disposición quedaba afuera de la participación en la Bundesliga. El segundo ítem apuntó directamente a los entrenadores. Se decidió formar profesores que brindaran una enseñanza sujeta a una bajada de línea en cuanto a la ideología futbolística. Éste último fue el factor fundamental de esta transformación.

No conforme con el juego histórico que lo llevó a ser protagonista de toda copa que disputase, muchas de ellas quedándose con la primera posición, Alemania apostó por un cambio radical en su identidad. De esta manera, los entrenadores que fueron surgiendo comenzaron a enseñar una nueva forma de jugar al fútbol. A la disciplina táctica y la potencia física le agregaron talento individual, fantasía, control, improvisación y picardía. Todas estas riquezas, sumado a la mentalidad competitiva y ganadora de siempre, hicieron del futbolista alemán un jugador extremadamente rico en cuanto a sus características.

Schweinsteiger, Götze, Reus, Draxler, Schürrle, Müller, Lahm, Neuer, Khedira, Podolski, Özil, Boateng, Höwedes, Hummels, Kroos, ahora Kimmich, Stindl y Ter Stegen son algunas de las figuras alemanas que surgieron en estos diecisiete años de este proyecto progresivo. Ellos sobrepasaron las barreras de tierras germanas y brillaron en todo el mundo.

En tanto, cabe destacar la importancia de dos entrenadores sumamente importantes en esta época dorada: Jürgen Klinsmann y Joachim Löw. El primero fue el propulsor de esta evolución y lo hizo en pleno Mundial 2006, disputado en ese mismo país. Vaya riesgo. Casualmente, el segundo era el ayudante de campo del ex goleador. Tras esa competencia tomó su cargo y, como suele suceder en varias ocasiones, el alumno superó al maestro.

Löw, perseguido por todas las cámaras por sus gestos desagradables en cada partido, al asumir introdujo un plan de entrenamiento intensivo de ejercicios destinados a agrandar la velocidad mental y física, tanto individual como también de manera colectiva. Con el paso del tiempo, comenzaron a verse los frutos de esa cosecha. Alemania pasó a ser una selección mucho más fluida, de tenencia de balón, con posesiones largas y salidas claras desde el fondo.

En definitiva, para conseguir un equipo ganador que se mantenga en el tiempo se necesita de un procedimiento. El seleccionado alemán lo hizo y en la actualidad es el rey del mundo futbolero a nivel selecciones. No fue magia ni suerte, fue la apuesta a un proyecto serio; una receta que incluyó ingredientes como: convencimiento y unidad de todas las partes, trabajo, esfuerzo, ganas, dedicación e inversión económica.

Foto: GloboVisión
Escrito por Emilio Puig
Twitter: @EmilioPuig



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