UN VIEJO ZORRO
“A equipos iguales, gana el que más trabaja y el que está más organizado”. Esa frase tranquilamente podría estar relacionada a Diego Simeone, José Mourinho u otro entrenador de la elite del fútbol actual. Sin embargo, ese pensamiento nació en la década de los sesenta, o tal vez antes, en la etapa donde aquel niño comenzó a pensar. Osvaldo Zubeldía fue el inventor de esa manera de entender el juego.
Decir Zubeldía es decir Estudiantes de La Plata. No porque al club de la ciudad de las diagonales lo haya fundado él, sino porque le dio la identidad que aún sigue vigente. El zorro (como lo apodaban) llevó al pincha a conocer la gloria, estableciendo una mística copera que rompió con la hegemonía de los cinco grandes del fútbol en Argentina. Es más, logró lo que hasta el momento ninguno pudo: ser campeón del mundo en Inglaterra, en el mismísimo Old Trafford y ante el Manchester United, que en ese entonces tenía a George Best y Bobby Charlton como sus máximas figuras; y, además, nunca había caído como local. Con un gol de “la bruja” Ramón Verón, el león trajo la copa para el país.
Por esos años, pensar en un equipo que tuviera como sello trabajar los partidos en lugar de jugar era un pecado para todo el ambiente de este deporte, algo así como una traición a Dios. Osvaldo, que siempre fue un tipo religioso, nunca le hizo caso a la opinión pública ni a los medios de comunicación. A pesar de recibir duras criticas durante toda su carrera como entrenador, siguió enseñando una manera diferente de ver el fútbol. Y, como buen maestro, dejó alumnos capaces de tomar ese legado y llevarlo a cabo a la perfección. Carlos Bilardo y Timoteo Griguol son dos de los discípulos continuadores de esa idea aprendida en la escuela de Don Osvaldo.
Ese establecimiento -al que algunos crueles amantes del desprestigio llamaron laboratorio- regia de algunas normas estrictas a cumplir. En primer lugar, conocer al rival de turno era fundamental. Saber sus defectos y virtudes, lo cual permitiese asegurarse el plan a usar para derrotarlo. A su vez, estudiar el reglamento fue un mandamiento esencial del método Zubeldía. Si un abogado conoce a la perfección las leyes va a poder desempeñar mejor su laburo, por ende la posibilidad de crecer en esa profesión va a ser mayor. Por eso, como buen viejo zorro, pícaro y audaz, lo estudió de principio a fin, desde la letra grande hasta la chica, sin dejar nada librado al azar.
Habida cuenta de eso, implementó estrategias inusuales para la época. El adelantamiento de los defensores con el fin de dejar a los delanteros rivales en offside fue una de ellas. Claro que para lograr la coordinación adecuada de movimientos haría falta trabajo. Entonces comenzó con una nueva modalidad: entrenamientos en doble turno. Algo normal en las pretemporadas de los equipos argentinos modernos, pero ilógico en aquellos años. Y para que sus jugadores no se dispersen o salieran de noche a bailar, implementó la concentración previa a los partidos.
Por otro lado, llevo a cabo una manera nueva de ejecutar las pelotas paradas, desconocida por todos los clubes locales. Los corners se pateaban a pierna cambiada para darle efecto al balón y así complicar al arquero. En cambio, en los tiros libres era primordial buscar al jugador ubicado en el primer palo, este tenía el objetivo de peinar la pelota para que el que entrara por el medio del área marcara el gol.
Todas esas modificaciones en el juego lo llevaron a dos posiciones totalmente opuestas en el pensamiento del hincha. Los pincharratas lo amaron, lo aman y lo amarán por toda la eternidad, mientras que los rivales (pese a ganar casi todo lo que disputó) lo catalogaron como el creador del anti fútbol. Sin dudas el tiempo -factor determinante para poner las cosas en su lugar- le dio la razón. No existe una única manera de ganar, sino que todo lo contrario. Muchos directores técnicos se convencieron y lo homenajearon copiando sus modos y su ideología, esa que alguna vez escribió en una pared “A la gloria no se llega por un camino de rosas”. En definitiva, queda claro que Don Osvaldo Zubeldia fue un tipo adelantado.



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