EL HINCHA-JUGADOR
Cerrá los ojos, volvé por un minuto a tu infancia y acordate de esto: prueba en River, la rompés, viene el entrenador y te dice que te van a fichar. Llegás a la pensión, estudiás porque siempre es fundamental hacerlo, te recibís. Al mismo tiempo jugás en inferiores y vas subiendo, año tras año, de categoría. En los pasillos del Monumental empiezan a pronunciar tu nombre. El DT de la primera escucha y va a verte; lo sorprendés y te llama para entrenar con el primer equipo. Llega tu debut, disputás pocos minutos pero clavás un gol y una asistencia. Te consolidás como titular- mandando a grandes figuras al banco- y terminás siendo campeón y goleador del torneo.
Ahora sí, abrí los ojos y decime si no te recuerda a tus sueños de la infancia. Seguramente la respuesta será afirmativa, porque cuando sos chico y pateás por primera vez una pelota te imaginás que lo vas a poder hacer durante toda la vida. Eso sí, a medida que pasa el tiempo muchos quedamos en el camino y llegan los que, además del talento, le suman esfuerzo, ganas y dedicación. Este fue el caso de Fernando Ezequiel Cavenaghi. El “gordo” de grandeza, luchó por sus sueños hasta poder cumplirlo. Vino desde muy chico de un pueblo pequeño llamado O’Brien, con la mirada fija en un objetivo: ser futbolista profesional y jugar en el club de sus amores. No sólo lo logró, sino que Incluso superó ampliamente sus expectativas.
El Cavegol es el estereotipo de hincha-jugador de River. Pudo cumplir con todos los ítem que te exige el público Millonario. Fue un producto surgido de las inferiores, salió campeón local e internacionalmente, le hizo dos goles a Boca en la Bombonera, convirtió en partidos importantes y muchos fueron de lujo. Ah, porque fue un nueve exquisito, a medida del paladar negro del club. Hasta ahí todo maravilloso, todas cosas buenas; pero el hincha a los ídolos le exige algo más. Los quiere ver en los malos momentos, cuando el barco está hundido y se necesita de la fuerza de un capitán que indique como salir a flote. Y vaya que lo tuvo. River encontró en Fernando un salvador en el peor pasaje de su rica historia.
Aquel 26 de junio del 2011, marcó el descenso de la institución a la B Nacional. Ni el mayor de los pesimistas se podía imaginar lo que finalmente sucedió. Los hinchas estábamos muertos, con el ánimo por el piso. Y allí fue cuando dos luces esperanzadoras llegaron desde Brasil y España. Amigos de siempre, y gallinas hasta la médula, Cavenaghi y el Chori Domínguez decidieron dejar todo para venir a dar una mano. No les importó el contrato, ni nada por estilo. El convencimiento y las ganas de estar fueron mas importantes que el dinero. Como nosotros, que dejamos muchas cosas de lado por apoyar al equipo desde la tribuna, más allá del resultado. Porque como dice el tatuaje de Fernando: “en las malas mucho más”.
Ese gesto mas grande que el estadio Monumental los llevó al estrellato, a la idolatría eterna, al recuerdo imborrable para todos los riverplatenses y al agradecimiento de por vida. Y si bien los fueron de manera injusta, el cavegol pudo volver -en su tercera etapa con la banda roja- y disfrutar de una época dorada. Es cierto, y en algún lugar debe estar escrito, que el destino premia a los laburantes, a los que dejan todo por cumplir sus sueños.
Cavenaghi se retiró del fútbol ayer, tomó la decisión de colgar los botines. Su última imagen como jugador de River fue levantando la Libertadores del 2015, nada más ni nada menos. El último anhelo que le quedaba por cumplir al hincha-jugador, al jugador que todo hincha quiso ser alguna vez. Todavía queda una función, el partido de despedida. Ese momento en el cual nosotros vamos a poder darte las gracias por todo lo que nos diste. En un Monumental colmado, entre lagrimas y al grito de “Cavegol, cavegol” te veremos por última vez con la banda roja cruzando el pecho.



Comentarios
Publicar un comentario