EL RIVER DE GALLARDO
Analiza, piensa, observa, estudia y sobre todo
confía, confía en ese grupo de profesionales que llevaron a River a volver a
ser aquel River histórico. Mucha convicción en lo que hace y una idea clara que no se
negocia: proponer siempre, sin importar el terreno de juego en donde se esté
llevando a cabo el partido.
Marcelo Daniel Gallardo es el gran artífice del recupero
memorial del juego Millonario, ese estilo exquisito que lo transformó en uno de
los clubes más importantes del fútbol argentino y mundial. Desde el arribo del “muñeco”,
el conjunto de Nuñez cosechó dos títulos internacionales, pero lo más significativo
es que volvió a encontrar su identidad futbolística. Esa que se respira en
cualquier rinconcito del Monumental, pero que se había olvidado en los últimos años por malas administraciones: Ganar jugando bien.
Una de las mayores virtudes del ex talentoso enganche, es
el convencimiento que emplea y que es acatado de manera brillante por sus
jugadores. El busca un equipo corto, donde prevalezca la presión en campo
rival, con el fin de ahogarlos, impidiéndole una salida clara. A partir de
allí, recuperar el balón lo más rápido posible es el objetivo principal, para
luego explotar el ataque. Movilidad de los del medio y de los de arriba,
apertura y eficacia de los laterales para llegar hasta el fondo, sumado a la
capacidad técnica de los Pisculichi, Teo Gutierrez, Sánchez y ahora Pity
Martínez, hacen que River produzca un fútbol que emociona a sus hinchas y a
miles de simpatizantes del deporte más hermoso del mundo.
Por otro lado, hay
un jugador clave que muchas veces pasa desapercibido y es Ariel Rojas. El ex
Godoy Cruz es el equilibrio necesario para combinar ataque y defensa sin que el
equipo quede partido en mitad de cancha. Socio ideal para Kranevitter, Ponzio o
cualquiera que juegue de mediocampista central, debido a la ayuda constante que
brinda. Aunque también lo es para Pisculichi y los delanteros porque ofrece un
primer pase limpio y preciso. Ese enorme entendimiento del juego hace que el
entrenador no cuente con un reemplazante natural, de sus mismas características.
Sin dudas, el trabajo más duro es el de los defensores porque al jugar de esa forma se necesita mucha concentración y una gran capacidad atlética
para anticipar la jugada. De no hacerlo bien, el espacio para los delanteros
rivales será muy amplio y es muy factible que queden mano a mano con
Barovero. Sin embargo, el Millonario cuenta con una defensa de gran jerarquía y
de un buen nivel actual. Asimismo, “Trapito” se luce cada vez que se encienden
las alarmas del Monumental, para el respiro del entrenador y sus dirigidos.
En conclusión, el “muñeco” está logrando algo que no
muchos se animan en el fútbol argentino: buscar el arco rival. Esa es su idea
principal. Es cierto que los resultados pueden ser buenos o malos. Al fin y a cabo es un juego, pero la intención de atacar y la seriedad con la que trabaja harán que, muy probablemente, obtenga mas alegrías que tristezas.
Muchos afirman que cada técnico hace jugar a sus equipos como el mismo se desempeñó sobre el verde césped. En este caso, claramente es así. El River de Gallardo juega tan bien como lo hacía él cuando se calzaba los botines y maravillaba a todos.
Muchos afirman que cada técnico hace jugar a sus equipos como el mismo se desempeñó sobre el verde césped. En este caso, claramente es así. El River de Gallardo juega tan bien como lo hacía él cuando se calzaba los botines y maravillaba a todos.



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